 "¿Caos
vial, cuál..?"
Cuando uno discute, generalmente
es porque está uno defendiendo un particular punto de vista
en el que se tiene cierta creencia.
Después de todo, nos metemos
a una discusión para probar que nuestra posición
es la correcta. O que defendemos nuestra posición personal.
La discusión pura, la discusión verdadera, jamás
conlleva violencia verbal, y menos aun, desemboca en violencia
física. Es agresiva en muchos casos, claro, pero nunca
con el afán de atacar. Los debates son un claro ejemplo
de discusión, con un control adecuado de las partes, impartido
por un mediador. Pero cuando dos personas discuten de manera natural,
las reglas implícitas de la discusión no desparecen
(o no deberían).
La acción de discutir lleva consigo una gran actividad
mental e intelectual. Es un ejercicio de esgrima mental, en donde
ambas partes dan sus estocadas y estas deben ser rechazadas con
otra, o abatidas de alguna forma. Es un ejercicio que trae consigo
un grado muy fuerte de interactividad con otro sujeto, y que nos
da sus puntos de vista, los cuales si no llegan a convencernos,
acaban (o debieran) por ser respetados, así como los nuestros
propios son respetados por la otra parte. En muchas ocasiones
las discusiones acaban con un acuerdo mutuo y por una convergencia
entre las ideas de uno y de otro.
Pero ¿qué pasaría si este ejercicio, fuese
llevado a cabo sólo por deporte? Es decir, si una (o ninguna)
de las partes no está realmente interesada en el tema que
se discute. Si una (o ninguna) de las partes no tiene una firme
creencia en lo que "defiende". Si esta discusión
está siendo llevada a cabo tan sólo por el placer
de la esgrima (del deporte de la respuesta pensada). Una de las
partes no cree en OVNIS y la otra parte sí. Aunque en verdad
a ninguna de las dos le importa un carámbano si en verdad
existen o no. Y la parte A comienza a discutir el hecho innegable
de las miles de apariciones extraterrestres en la tierra, creando
teoremas e hipótesis. Mientras que la parte B discute la
veracidad de tales argumentos, dando sus propios.
En este punto del escrito hay que hacer notar, la diferencia que
hay entre discutir y argüir. Argüir significa (para
los que hablamos el español) poner argumentos contra algo,
mientras que discutir es examinar con mucho cuidado una cuestión.
En México la palabra discutir es usada sin rigor alguno
(y con gran ignorancia) como la acción de tener una pelea
verbal contra otra persona. Y en esta pelea se busca que una de
las partes acepte (por la mala) que una de ellas tiene total razón
en alguna cuestión. Hecha esta discriminación entre
ambas palabras, continuamos con el hecho deportivo, como le hemos
llamado, al ejercicio libre de discutir por el gusto de estar
lanzando "ataques" (completamente pacíficos)
sobre un asunto por el cual se ha tomado cierta inclinación.
Incluso si alguna de las partes llegase a tener la razón,
o llegara a una conclusión lógica. Ambas, y principalmente
la que se encuentra en el lado bajo de la balanza, saben que se
ha llegado a un punto en donde los más fieros y últimos
argumentos habrán de ser usados para, en un intento final,
derrocar los aplastantes argumentos de nuestro contrincante. Y
de hecho es cuando más divertido se pone el asunto, porque
entra la imaginación a ayudar al intelecto y las más
descabelladas y locas ideas y teorías entran como la caballería
rusticana a intentar salvar una discusión que está
a punto de fenecer a manos de argumentos avasalladores. Finalmente,
una de las partes se da por vencida y ambas, saben que no estaban
defendiendo nada. Sus respectivos honores y orgullos (junto con
sus verdaderas creencias) quedaron a salvo, y el ejercicio ha
sido o debiera de haber sido vivificante para la mente de cada
parte.
El discutir tonterías es un acto que no sólo es
divertido, sino que debiese de ser alentado en las escuelas, no
sólo para enseñar a los jóvenes a defender
sus creencias, o para que puedan hablar en público y sin
inhibiciones. O para que aprendan a hablar con propiedad y se
conozca un poco más el idioma. Sino para que tanta violencia
y agresividad sea poco a poco erradicada de este país retrógrada.
Que se enseñe desde temprana edad que las palabras son
sólo eso y que no golpean. También se enseñaría
a tener palabra. A creer lo que se defiende y a apoyar con acciones
una creencia. Paulatinamente se iría distinguiendo el juego
de la realidad. El acto (aristotélico por excelencia) de
guardar proporciones entre lo actuado, lo fingido, y lo verdadero,
lo real.
Tal vez incluso ciertas personas dejarían de lado esa estúpida
creencia de que los niños adquieren costumbres e imitan
acciones de la televisión y de lo que leen. Eso, es no
saber, no tener la más mínima capacidad de guardar
proporciones entre lo real y lo ficticio. Es caer en la locura
del Quijote. El deporte de discutir educaría a los mexicanos,
desde temprana edad, a resolver sus conflictos con una amena y
acalorada platica. Nos haría más tolerantes y sobre
todo, les enseñaría control sobre sus ánimos.
Evitando así caer en la violencia. Qué clase de
país es uno en donde por una leperada se llega a los golpes.
En Europa, donde las cosas son un poco menos salvajes, la gente
puede hacerse de palabras en una calle y llegará el momento
en el que alguna de las partes se vaya, o se de por vencida. Tal
como en una discusión, y no tendrán que llegar a
la violencia física. Después de todo, no fueron
sino palabras, y el desahogo muchas veces es bueno.
Discutir tonterías, y discutir por deporte es sólo
el primer paso a una mejor educación en México.
Tanto en el idioma, como en el léxico, como en la prosodia
y la articulación. Además de los beneficios morales.
Y finalmente, si a alguien no le agrada discutir, siempre tendrá
la alternativa de no hacerlo. Un discutidor no buscará
discutir con alguien que no quiere hacerlo. Después de
todo, para discutir se necesita a otro que esté dispuesto
a hacerlo. Y ese es el problema... en México nadie está
dispuesto a tener una discusión amistosa. Todos creen que
es un ataque, que está uno arguyendo. En lo personal, yo
no necesito estar discutiendo lo que creo, pues lo creo firmemente.
Y cuando discuto, en verdad lo hago sabiendo que la mayoría
de las veces estoy equivocado, o simplemente que no creo en absoluto
lo que digo. ¿Qué puedo hacer? Los escritores escriben
sobre dos cosas: Sobre lo que creen, y sobre lo que no creen.
Y el objetivo será hacerlo verosímil, siempre. Es
una especie de discusión silenciosa.
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