Un Modelo de Humildad
Por Carlos Mendoza.-En abril de 1990 Juan Diego
fue beatificado por el papa Juan Pablo II en el Vaticano. Al siguiente
mes, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe
en la ciudad de México, durante su segunda visita al Santuario,
Su Santidad presidió la solemne ceremonia de beatificación.
La fecha de su canonización esta definida: 31 de Julio 2002.
¿Quién era este Juan Diego?
La mayoría de los estudiosos concuerdan que Juan Diego nació
en 1474 en el calpulli de Tlayacac en Cuauhtitlán, el que
fué establecido en 1168 por la tribu nahua y posteriormente
conquistado por el jefe Azteca Axayacatl en 1467; y estaba localizado
20 kilómetros al norte de Tenochnitlán (ciudad de
México).
Su nombre de nacimiento fue Cuauhtlatoatzin, que podría ser
traducido como "el que habla como águila" o "águila
que habla".
El Nican Mopohua lo describe como un "macehualli", o "pobre
indio", es decir uno que no pertenecía a ninguna de
las categorías sociales del Imperio, como funcionarios, sacerdotes,
guerreros, mercaderes, etc., es decir que pertenecía a la
mas numerosa y baja clase del Imperio Azteca, pero no a la clase
de los esclavos. Hablándole a Nuestra Señora él
se describe como "un hombrecillo" o un don nadie, y atribuye
a ésto su falta de credibilidad ante el Obispo.
El trabajaba duramente la tierra y fabricaba matas las que luego
vendía. Era dueño de su pedazo de tierra y tenía
una pequeña vivienda en ella. Estaba casado pero no tenía
hijos.
En los años 1524 o 1525 se produce su conversión al
cristianismo y fue bautizado, así como su esposa, recibiendo
el nombre cristiano de Juan Diego y su esposa el nombre de María
Lucía. Fueron quizás bautizados por el misionero franciscano
Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia"
o "el pobre" por su extrema gentileza y piedad y las ropas
raídas que vestía.
De acuerdo a la primera investigación formal realizada por
la Iglesia sobre los sucesos, las Informaciones Guadalupanas de
1666, Juan Diego parece haber sido un hombre muy devoto y religioso,
aún antes de su conversión. Era muy reservado y de
un místico carácter, afecto a largos silencios y frecuentes
penitencias, y que solía caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán,
a 20 kilómetros de distancia, para recibir instrucción
religiosa.
Su esposa María Lucía enferma y luego fallece en 1529.
Juan Diego entonces se traslada a vivir con su tío Juan Bernardino
en Tolpetlac, que le quedaba mas cerca de la iglesia en Tlatilolco
- Tenochtitlán, solo 14 kilómetros.
El caminaba cada sábado y domingo a la iglesia, partiendo
a la mañana muy temprano, antes que amaneciera, para llegar
a tiempo a la Santa Misa y a las clases de instrucción religiosa.
Caminaba descalzo, como la gente de su clase macehualli, ya que
solo los miembros de las clases superiores de los aztecas usaban
cactlis, o sandalias, confeccionadas con fibras vegetales o de pieles.
En esas frías madrugadas usaba para protegerse del frío
una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, el cactus
típico de la región. El algodón era solo usado
por los aztecas mas privilegiados.
Durante una de sus caminatas camino a Tenochtitlán, caminatas
que solían tomar unas tres horas y medias a través
de montañas y poblados, ocurre la primera aparición
de Nuestra Señora, en el lugar ahora conocido como "Capilla
del Cerrito", donde la Santísima Virgen le habló
en su idioma, el náhuatl. Ella se refirió a él
con grandísimo cariño, llamándolo "Juanito,
Juan Dieguito", "el mas pequeño de mis hijos",
"hijito mío".
Juan Diego tenía 57 años en el momento de las apariciones,
ciertamente una edad avanzada en un lugar y época donde la
expectativa de vida masculina apenas sobrepasaba los 40 años.
Luego del milagro de Guadalupe Juan Diego fue a vivir a un pequeño
cuarto pegado a la capilla que alojaba la santa imagen, luego de
dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino, pasando
el resto de su vida completamente dedicado a la difusión
del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo.
Juan Diego muere el 30 de mayo de 1548, a la edad de 74 años.
Juan Diego amaba de sobremanera la Sagrada Eucaristía, y
por permiso especial del Obispo recibía la Comunión
tres veces por semana, algo completamente inusual en aquellos tiempos.
Su Santidad Juan Pablo II alabó en Juan Diego su simple fé
enriquecida por la catequesis y lo definió (a aquél
que le dijo a la Santísima Virgen: "soy solo un hombrecillo,
soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja,
soy gente menuda..") como un modelo de humildad para todos
nosotros.
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